Tres escritos sobre dinero, titulización de deudas, la Biosfera y el Colapso. 1ª Parte: Las fábricas de dinero y la titulización de las deudas vertebran el Ecocidio y la Necropolítica

Salva Torres. asociación por el Alquiler Público y Asequible (Barcelona)

La crisis del dinero como unidad de cuenta en la Biosfera

Si apartamos la distracción –cortinas de humo– que ejercen a escala planetaria las pantallas y las repercusiones globales de la pandemia, podemos ver que la destrucción de las cadenas de suministros, el «green washing» – lavado verde de las corporaciones- y las «soluciones mágicas» del mainstream -pensamiento único- esconden los verdaderos ejes de intervención de las élites para apoderarse de los escasos recursos y tierras fértiles mientras la situación a escala planetaria para el 99% de la población se degrada irremisiblemente. Asistimos a un shock planetario basado en la Necropolítica y el Ecocidio (*1), mientras una dócil ciudadanía acata la coerción tecno-sanitaria por el miedo a la muerte pandémica en una clara semejanza de la alegoría de la Caverna de Platón. En las pantallas, las élites nos hablan de sus soluciones «mágicas» para los problemas de la Humanidad basadas en imprimir dinero a destajo para crear y comprar deuda y los tipos de interés bajo cero para la todopoderosa banca privada, de inversión y las grandes corporaciones mientras suena la Marcha triunfante del progreso infinito ante un planeta que colapsa bajo el cáncer civilizatorio del capital.

Estamos ante un cambio de paradigma y para entenderlo debemos reconocer que estamos delante de los Señores del Dinero: las élites financieras y la Banca Central independiente que actúa de lobbista de la primera. Son los que mandan en las fábricas de dinero y aquellas son sus soluciones. Son los grandes bancos supuestamente regulados, la banca de inversión (en Wall Street, la City, Frankfurt ..) y la Banca central (especialmente la Reserva federal de los EE.UU. ), los que pueden imprimir, en ese caso, cuantos dólares quieran digitales y/o en papel para comprar el Mundo. Desde los contratistas bajando del avión en Kabul con maletas repletas de billetes de 100 dólares a Blackstone comprando todas las hipotecas de Caixa Catalunya en la operación FTA2015, desde Luxemburgo, son operaciones del poder imperial de señoreaje del dólar. Para entendernos, la diferencia entre el dólar y una república bananera, es que este puede usar el poder de los Marines y la capacidad de chantaje mafioso de la banca de inversión y las agencias de rating – calificación de riesgos-.

Esas operaciones realizadas detrás de una nebulosa tecno-financiera incomprensible o las puertas giratorias descaradas entre corporaciones, banca privada y Bancos centrales deberían ser un escándalo si no fuera porque la complejidad artificialmente construida del mundo de las altas finanzas imperialistas en el Occidente capitalista y la producción de dinero aún escapan a la comprensión de la gente. Los grandes sucesos civilizatorios y de posicionamiento interimperialista ocurren ahí totalmente al margen de la «soberanía popular» y sus consecuencias sobre las poblaciones de los países son un anecdotario de los telediarios. El control de esas fábricas de dinero y las tecnologías subyacentes rige el destino de la civilización actual a falta de otro modelo sostenible en la Biosfera. Así pues las fábricas de dinero se convierten en la quintaesencia del poder que mueve el caos universal, sin una alternativa plausible que debería romper la actual ecuación civilizatoria entre dinero-tecnologías-energias fósiles en donde vivimos 8.000 millones de seres humanos.

Las fábricas de dinero

Casi todo el dinero mundial se genera en forma de dinero-deuda como préstamos o capital en los circuitos de la banca privada y de inversión en las operaciones subscritas como contratos y normas entre personas, entidades jurídicas y Estados. Junto a la irrelevante moneda física emitida por el Estado, las entidades financieras interponen ahí su dinero-deuda como la unidad de cuenta que une la producción y la satisfacción de las necesidades humanas. Ese dinero es una convención civilizatoria como lo podría ser la hora de trabajo o los recursos naturales disponibles. La Banca privada crea ese dinero-deuda de curso legal en sus computadoras, en su balance, y además le devenga intereses. Así pues, en las sociedades llamadas avanzadas es la Banca privada la fábrica de dinero que lo distribuye a los Estados, empresas y ciudadanos convirtiéndose en el Poder que permanentemente gestiona, vigila y controla la sociedad en una especie de panóptico financiero sin que seamos conscientes que estamos permanentemente observados y evaluados.

El valor monetario para honorar – pagar los préstamos- los contratos y acuerdos jurídico-financieros del dinero-deuda sólo puede salir de la economía, del trabajo humano que interactúa con los recursos naturales en una Biosfera finita donde el PIB es una mala herramienta de cálculo. Los recursos disponibles en la sociedad y la Biosfera son los que dan valor a ese Dinero que actúa como fetiche entre la Naturaleza y el trabajo humano.

Pero la banca crea cuantos créditos y derechos de deuda permiten las normas contables convenidas por ellas mismas, pues su negocio es cobrar intereses sobre el dinero que crea y/o presta. Ese dinero se destruye con la amortización de los préstamos o derechos de deuda con la salvedad que los bancos crean ese dinero pero no el que se necesita para pagar los intereses. La generación de dinero-deuda por la banca privada se ha disparado en las últimas décadas, sin las bridas del oro que antes respaldaba las divisas, con el dinero fiat- digital- instaurado con el Nixon-shock del dólar en los años 70. Basta mirar como se ha expandido espectacularmente la Deuda mundial, pendiente de pagar, escalando hasta los 289 billones de dólares o el 360% del PIB mundial según ellos mismos dicen (unos 250 billones de euros). Y ello a pesar que las recurrentes crisis económicas o financieras suelen destruir parte de ese capital prestado y los intereses provocando «boquetes de contabilidad» en los balances de las entidades financieras de los que siempre salen reforzadas con menos competencia, un control aún mayor de la economía y expropiando en las quiebras los «activos» de sus deudores sean ciudadanos o empresas. Esos créditos impagados de «los de abajo» nunca son perdonados y tienen la nomenclatura de Non Performing Loans- NPL-. Están estructurados con ayuda de las autoridades monetarias en paquetes financieros con nombres surrealistas en el caso de nuestro país como Sareb o Fondo de Titulización de Activos 2015 (Caixa Catalunya-Blackstone) o los casi 300.000 millones de créditos dudosos -NPL- de los que se ha deshecho la Banca española vendiéndolos a los buitres afincados en paraísos fiscales.

Y en gran parte eso ocurre en el mundo de la banca regulada porque la banca en la sombra, banca de inversión, en la que igualmente participan todos los bancos en operaciones financieras no supervisadas, es responsable de una parte importante de esa deuda mundial por el incremento espectacular de sus actividades desde el 2007. Según el Consejo de Estabilidad Financiera – Financial Stability Board (FSB) – la banca en la sombra es responsable de generar «fuentes adicionales de financiación» y ofrece a los inversores alternativas a los depósitos bancarios a través de actividades que incluirían a agentes bursátiles que financian sus activos mediante acuerdos de recompra, a los fondos mutuos del mercado de dinero que concentran fondos de inversión o a las entidades financieras que venden papeles comerciales y usan el producto de la venta para rotación de balance. El FSB reconoce que la banca de inversión (popularmente fondos buitre o fondos de cobertura) es potencialmente disruptiva pues actúa como una capa externa que crea aún más distorsión financiera al tomar los riesgos y esparcirlos por toda la geografía planetaria: desde activos inmobiliarios hasta los futuros de los alimentos y las materias primas, pasando por los contratos de permuta financiera- swaps- de tipos de interés y un largo etcétera de instrumentos financieros. Por su misma opacidad es imposible saber el volumen que alcanza pero el FSB, al que supuestamente regula, calculaba que la banca en la sombra representaba 102 billones de euros a finales del 2014, más del 120% del PIB mundial (*2).

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La Banca en la sombra

Aunque la base de la pirámide en la producción de dinero se encuentra en la plusvalía engendrada por el capital en la producción y explotación del trabajo humano en el seno de la Biosfera, las fábricas de dinero, o sea, el dinero que engendra dinero como si fuera una mercancía, se ha expandido más allá de los límites físicos de la Naturaleza incrementando aceleradamente aquella enorme deuda privada, pública y corporativa. En el lenguaje de la contabilidad de la actual civilización humana basada en el dinero, las deudas financieras del pasivo superan todos los activos pendientes del trabajo humano sobre los recursos naturales que sustentan la vida en el planeta como activo circulante mientras, haciéndose trampas al solitario, no se resta la degradación del activo fijo – la Biosfera- en la cuenta de resultados de la empresa humana.

La Deuda civilizatoria pendiente de pagar está apoyada en un PIB mundial proporcional al Ecocidio entendido como cualquier daño masivo o destrucción ambiental con consecuencias a escala global que puede tipificarse como un crimen contra de la humanidad y la Biosfera. Y es irreversible cuando el ecosistema que lo soporta- el planeta-, sufre un daño más allá de su capacidad de regeneración que se plasma en la definitiva catástrofe climática a la que asistimos impasibles. Es la muestra palpable de la imposibilidad del milagro mágico del crecimiento basado en la energía de los combustibles fósiles o, su contrario, que el trabajo humano sobre una Biosfera enferma y agotada pueda honorar la Deuda corriendo detrás de aquellos circuitos financieros y corporativos globales que los generan. Es la crisis del dinero como unidad de cuenta en la Biosfera.

La realidad es que en esa economía exhausta el capital ha dejado de encontrar nichos de inversión rentable o solvente lo que se demuestra en su dependencia cada vez mayor de los océanos de liquidez de las políticas de la banca central y del recurso a la Deuda soberana que crece exponencialmente para mantener la rentabilidad de la banca y las grandes corporaciones. Ese es el talón de Aquiles de la contabilidad creativa del interés compuesto, de la banca y del discurso mágico del «mainstream» sobre el crecimiento económico y el lavado de cara –green washing- tecnológico.

Un capitalismo sin bancarrotas para algunos

No se trata de atemperar la economía y la producción a los límites planetarios depauperados por la hidra tecnológico-financiera del «capitalismo desbocado«. Se trata de continuar la ficción, la de sustentar la contabilidad creativa de los frágiles pilares del sistema financiero desde las gigantescas entidades de crédito too big to fail (demasiado grandes para caer), los mercados bursátiles y toda la miríada de entelequias de hipertrofia financiera. Las consecuencias de las malas asignaciones de capital y préstamos por los riesgos asumidos ya no se descargan en bancarrotas sobre los responsables y accionistas de las entidades financieras y de las grandes corporaciones industriales, Estas no sólo no quieren asumir su responsabilidad en el Ecocidio planetario sino que además quieren un capitalismo sin bancarrotas como si se tratara de un catolicismo sin infierno (*3). Un infierno al cual SÍ que envían a los hogares y a las empresas que no pueden asumir las deudas contraídas y son impelidas a la quiebra.

El capitalismo actual quiere eliminar «el infierno», el de la destrucción creativa, concepto acuñado por el economista austríaco Schumpeter: el proceso de innovación de una economía de mercado consiste en la destrucción de empresas y modelos de negocio antiguos debido a la creación de nuevos productos gracias a las innovaciones de los llamados emprendedores que son la fuerza que existe detrás de un crecimiento económico sostenido a «largo plazo».

Es la escuela austríaca de pensamiento económico construyendo sueños infinitos obviando que nuestro planeta tiene sólo 6.371 km de radio. Algunos le llaman la teología del Crecimiento Perpetuo que abrazo el PIB como medida del bienestar humano lo que evidentemente es una aberración científica y económica porque la destrucción de la Naturaleza y las guerras suman PIB en lugar de restarlo, lo que sería el símil de hacernos trampas en el solitario.

Hoy pues el dilema no es meramente contable o teológico si una economía congelada es capaz de soportar la ficción de unos mercados bursátiles en máximos históricos o el reparto de enormes dividendos en las grandes entidades financieras mientras los Estados se erigen en garantes de la renta garantizada para evitar la quiebra social y garantía de último recurso de miles de créditos a empresas zombies que se descapitalizan esperando el halo de la nueva recuperación que no llega tras las pandemias. Con una economía exhausta que escarba en los límites planetarios, cuando la materia muerta creada por la civilización supera todo el peso de la Biosfera, el problema del capital no es ya sólo vender un relato creíble del crecimiento infinito y el green washing tecnológico sino encubrir, esconder, la apropiación descarada de los recursos naturales que permitan la supervivencia y la reproducción de las clases dominantes ante la rebeldía social que se espera del colapso como desmoronamiento.

Las políticas neoliberales en el corazón del Sistema

Todo lo que explicamos hay que enmarcarlo en la lógica de las políticas neoliberales instauradas a partir de la década de los 80 para abordar el estancamiento económico secular desde la perspectiva del capital después de los gloriosos treinta años de posguerra. Un proceso complejo en la lucha política y ideológica entre las clases sociales y entre el Norte y el Sur que se ha explicado desde muchas perspectivas y que encaja en la lógica de este documento. En el lado de los procesos productivos y las relaciones laborales, la deslocalización de las industrias y la producción «just in time» ha desarbolado los sindicatos de clase mediante el dumping social y el abaratamiento del transporte internacional gracias a combustibles fósiles baratos y más recientemente de la hipersubvención imperial a la fracturación hidràulica en EE.UU. El neoliberalismo ha conseguido con ello mejorar la tasa de ganancia del capital aumentando por un lado la plusvalía y por otro disminuyendo los costes de capital variable no sólo en salarios sino en los precios de las materias primas que se han mantenido a raya sobre todo gracias a la manipulación desde la banca de inversión y la especulación.

A la vez, las políticas neoliberales de privatización de los servicios públicos como parte del salario social de los trabajadores han tenido un peso decisivo en la financiarización y la terciarización del occidente industrial lo que ha permitido una estratificación de las clases populares, la llamada sociedad de los propietarios, que liga con el concepto de gentrificación que a su vez ha permitido crear espacios de generación de valor patrimonial – sobre todo inmobiliario- y de colaboración público privada donde los excedentes financieros se invierten en bienes raíces y espacios icónicos – Operación Madrid-Norte– que retroalimentan la inversión y llenan de hormigón todo el planeta. Por ello, sectores decisivos de los servicios públicos se han convertido en activos financieros como han sido la vivienda, la sanidad, la educación, los transportes colectivos y la logística, los fondos de pensiones y los servicios básicos como agua, energía o telecomunicaciones. Para ejemplificarlo basta mirar el significado de la crisis del 2007 nacida al calor de la titulización hipotecaria que iniciada en EE.UU acabó en nuestro país con una miríada de ejecuciones hipotecarias y una crisis financiera que barrió el sistema de cajas de ahorros. Podríamos resumirlo con el concepto de acumulación por desposesión de David Harvey pues las fábricas de dinero-deuda creaban las condiciones de las crisis de las que sale reforzada la banca con la ruina de hogares y empresas y la eliminación de la competencia.

En la medida que el Estado abandonaba esos sectores estratégicos de la economía y del urbanismo que le reportaban ingresos, las entidades financieras y las grandes corporaciones despojaban de cualquier significado al llamado «Estado de bienestar». Pero además aumentaron sus negocios en aquellos sectores antes casi vedados, a lo que sumaron las políticas impositivas a los grandes del IBEX- por poner un ejemplo- y los paraísos fiscales que provocaron un boquete en los ingresos de los Estados que pasaron a depender hasta del 75% de los salarios menguantes y impuestos indirectos sobre las clases populares y las pymes. Lo que antes eran ingresos se acaban convirtiendo en deuda pública que se debe a las élites. Lo que deberían haber sido parques públicos de alquiler asequible se convierten en hipotecas. Alejandro Nadal destaca elocuentemente el punto nodal: “La separación en compartimentos estancos de la política fiscal y la política monetaria pone de rodillas al Estado moderno frente a los caprichos de los mercados financieros” (*4). Por ello, las emisiones de deuda pública no han parado de crecer y con ello nuevas oportunidades para las inversiones de las élites en los déficits públicos gracias a los balances engordados desde su fábrica de dinero que funcionando a toda máquina cubría las necesidades de financiación de las nuevas oportunidades de negocios creadas entorno a las políticas neoliberales «robadas» a los Estados.

El neoliberalismo no ha matado al Estado capitalista, es sencillamente la otra cara del keynesianismo, lo ha despojado de su cara amable mostrando lo que es, un aparato represivo de las élites que la pandemia como experimento social de coerción tecno-sanitaria lo está reforzando con nuevas técnicas de control para los tiempos más duros que vienen de colapso civilizatorio. Las medidas anti-covid y de una transición verde no significan un retroceso del neoliberalismo en favor de más Estado, al contrario, son más privatización mostrando una debilidad extrema de la res pública. Las grandes decisiones y su traducción jurídico-financiera se toman en instancias fuera del control de la soberanía popular como son la Banca central independiente de los poderes públicos, la banca comercial y de inversión y agencias de rating, las grandes cámaras de compensación de deuda internacional – Clearing o el sistema SWIFT-, el Banco Internacional de Pagos y el conjunto de las infraestructuras neoliberales al margen de los parlamentos como son la OMC, el FMI, el Banco Mundial y las densas redes legales formadas por tratados de libre comercio, acuerdos de protección de inversores, acuerdos de propiedad intelectual y tribunales de arbitraje internacional.

El efecto de estas instancias es aislar el juego económico de la toma de decisiones democráticas y mantener a distancia de las lógicas estatales soberanas un espacio autónomo para la valorización del capital a escala mundia(*5). Este desarrollo de la internacionalización o mundialización de los circuitos del capital y del dinero forma parte de la configuración de una clase capitalista transnacional donde participan las dirigencias de la Banca, las multinacionales pero también de las instituciones financieras públicas y privadas junto a políticos y funcionarios gubernamentales a los que llamamos élites globales. Hoy los Estados-nación nacidos en los albores del triunfo de la burguesía como clase se han convertido en representaciones teatrales de la soberanía popular detrás de la convergencia de intereses entre el capital, las corporaciones y los Estados, lo que explica que el 60% del comercio internacional se realice en el interior de las grandes corporaciones que a través de los paraísos fiscales escapan al control de Estados y gobiernos.

Por todo ello, ponemos en cuestión las teorías que buscan salvar a los Estados capitalistas como árbitros de la contradicción entre la dominancia del capital financiero sobre el productivo. Cómo veremos en la segunda y tercera parte de este documento los cada vez más tenues hilillos de rentabilidad que nacen de la producción sobre la Biosfera en la economía humana sustentan castillos financieros enormes que se retroalimentan para permitir la reproducción y la supervivencia de las élites globales sobre la base del Ecocidio aplicado por la llamada Necropolítica. Lo decía Warren Buffet: «hay una guerra de clases y la estamos ganando los ricos». Los pobres ni saben que hay una guerra de clases, añado.

Salva TORRES, asociación por el Alquiler Público y Asequible (Barcelona)

8 de enero del 2022

Doy las gracias a las revisiones del documento realizadas por y Alfredo Apilánez (*6) – y Josep Cabayol.



Notas:

  • 2. Financial Stability Board (FSB), Informe «Global Shadow Banking Monitoring», 2015. Tipo de cambio: 1,21410 USD/EUR.

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