Grecia vuelve a las portadas: la hora de Attac(ar)

 

 

David Palomera Zaidel. ATTAC Acordem

 

En el artículo de The Guardian del 22 de febrero “Deuda Griega: ¿Ofrecerán finalmente la UE y el FMI luz al final del túnel?” (en inglés, “Greek debt: will EU and IMF finally offer light at the end of the tunnel?”) se explican los últimos acontecimientos en las negociaciones entre las dos organizaciones para firmar los 89 mil millones de euros del rescate que fue diseñado por la UE en Julio de 2015. Después de que Brexit y Trump hayan ocupado todas las portadas, Grecia regresa a la agenda y la UE y el FMI siguen teniendo en sus manos el destino del país para los próximos años.

Parece ser que después de 7 años de austeridad hay cambios relevantes en el debate político por parte de los máximos representantes la UE y el FMI. Los primeros siguen pensando que es necesario que los países europeos tengan grandes superávits fiscales mediante el recorte del gasto. Ya hemos visto que esto ha sido contraproducente y ha generado un mayor déficit público en Grecia (y en otros países): la falta de gasto público se ha unido a un sector privado súper endeudado y temeroso, manteniendo así unos niveles de desempleo muy altos y haciendo que el estado heleno tenga pagar constantes subsidios de paro (en vez de invertir) mientras las cotizaciones se mantienen bajas. Esto no ha parecido preocupar a la Troika durante muchos años, considerando que era más importante dar con el palo (crédito a través de austeridad “hardcore” y demonizar las instituciones griegas) antes que mostrar la zanahoria (crédito a cambio de un plan económico a largo plazo para Grecia que arregle sus problemas estructurales).

Eso sí, cuando de política monetaria se ha tratado, no ha habido ningún reparo en hacer políticas heterodoxas que han ido a comprar deuda de las grandes multinacionales y dar crédito a los bancos. Ha sido un fracaso por intentar hacer pan sin levadura. Algunos balances de estas empresas están ahora más saneados, sí, pero hemos premiado a las entidades que no dudaron en invertir en proyectos puramente especulativos (y en deuda pública con altas primas de riesgo) mientras que ahora tienen “miedo” de invertir en proyectos a largo plazo. Baja levemente la deuda privada en la UE, pero se sigue sin invertir en proyectos a largo plazo. La Troika así pasa por alto una lección fundamental de Keynes: los “espíritus animales” (“animal spirits” en inglés) de los agentes privados les hace funcionar en manada y el temor de unos pocos se contagia al resto, haciéndolos tener expectativas negativas en tiempos de crisis.  Si no hay un organismo con suficiente capacidad de inversión, como el sector público, que vea más allá de los problemas coyunturales, y un banco que le de crédito barato (como el Banco Central Europeo), entramos en una espiral de crisis que va destruyendo los ingresos de la población (hemos visto que no los ingresos de buena parte de las clases altas). Las políticas monetarias pueden servir en ciertos momentos, pero se necesita que la panadería europea empiece a echar levadura en forma de políticas públicas en Grecia.

Hace unos años que dentro de la Troika ya no se va al unísono. Ironías de la historia económica, ha sido el FMI, el “fucking master of the universe” (como diría el Wyoming) de la austeridad en los últimos 40 años, quien ha visto que el dinero de sus rescates a Grecia puede estar yendo a fondo perdido y por ello pone en duda los planes de austeridad que se le han diseñado. Fue a partir de estas dudas que Varoufakis llego al poder con Syriza diciendo que intentaría poner de parte del gobierno heleno al FMI, para enfrentar la visión de la Comisión Europea y el Banco Central Europeo. Fracasó, el FMI no iba a torcerse fácilmente y bailar bajo la música de un programa griego que iba en contra de los intereses de los que tienen deuda pública griega en su cartera de inversión. El Consejo económico europeo; formado mayormente por auditores, banqueros y gestores (y algún que otro hooligan de la austeridad), un grupo de “economistas” con muy poca formación teórica y que no entienden que las economías de los países no se puede gestionar como si de un balance de un banco se tratara; reventó las esperanzas de Varoufakis y éste se dio cuenta que el sistema por dentro era difícil de cambiar, especialmente si los países más afectados por la crisis, aquellos en la periferia, no se unían a sus reclamas (Grecia sólo representa cerca de un 2% del PIB de la UE).

Llegamos a febrero de 2017 y parece ser que ya no sólo es el FMI el que tiene dudas respecto a la austeridad total y como se explica en el artículo de The Guardian, Pierre Moscovici,  el comisionario europeo para asuntos económicos, notifica que 19 ministros de finanzas de la moneda única están de acuerdo que el pueblo griego necesita ver “luz al final del túnel de la austeridad”. Parece ser que después de 7 años de castigo, es hora de esconder un poco el palo y empezar a mostrar la zanahoria. A pesar de que la UE ha demostrado repetidamente que prefiere defender los intereses de los propietarios del capital antes que a los trabajadores, resulta que incluso los primeros empiezan a considerar que va en su propio beneficio no condenar definitivamente al pueblo griego volviendo crónico el deterioro de sus constantes vitales (paro, deuda, falta de crecimiento, etc.). Eso sí, no cabe duda que el objetivo no será aumentar el nivel de vida de los sectores empobrecidos griegos, pues se pone por delante otras preferencias. Recuerden, la UE tomó una decisión clara desde hace tiempo: los intereses de los deudores no se tocan, la deuda es sagrada. Tal vez que los alemanes sean los que tengan más poder de negociación, tiene algo que ver el que la palabra en alemán para “deuda” -“schuld”- es la misma que para “culpa”. Por supuesto, endeudarse es peligroso, pero cuando una parte de ésta la tienen agentes puramente especuladores y hay que salvar a la población de la miseria, la política ha de entrar a intervenir.

Algunos gobernantes no quieren entender, o no les importa, que una Europa con grandes desigualdades económicas y sin unión fiscal está ensalzando los programas políticos de la ultra-derecha. Al lado de Trump y Teresa May, Merkel ahora es la defensora de la democracia y los derechos humanos. No obstante, parece no entender que no podremos defender los derechos humanos sin un proyecto europeo de futuro inclusivo y fraternal, que incluya al pueblo griego. Y mientras las políticas de austeridad continúen, los movimientos sociales democratizadores y que luchamos por la justicia económica global tenemos la responsabilidad de convencer a la población, atraídos por los cantos de sirena de la ultra-derecha, de que ni el pueblo griego ni aquellos intentando cruzar las fronteras europeas son nuestros enemigos, que si luchamos podemos cambiar la agenda política europea y que hay alternativas. Un paso para ello es sumarnos todos a la campaña global contra los paraísos fiscales de la semana del 1-7 de abril, en la que Attac Acordem y Attac España participa junto a la Plataforma de Fiscalidad Justa, otros Attacs en el resto del mundo y la Global Alliance for Tax Justice.

 

ATTAC Acordem no se identifica necesariamente con los contenidos publicados, excepto cuando son firmados por la propia organización.

 

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