Ayudemos a dar a luz a las nuevas generaciones

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Antonio Fuertes Esteban. ATTAC Acordem

Uno de los temas más recurrentes en los intercambios dialecticos existentes entre los grupos críticos de la sociedad civil hoy, es un tópico ya manido y es ¿Cómo articulamos una sociedad civil consciente, dispuesta a trabajar conjuntamente desde la acción política en el espacio social y que sea capaz de movilizar voluntades para ejercer un rol activo, competente y empoderante, frente a las instituciones y los mercados?

Y estamos en esas, cuando se viene observando que normalmente las personas que se preguntan por ello, siguen o seguimos reproduciendo los mismos rituales y automatismos auto-centrados de siempre: La lucha de cada cual y su espacio siempre es el prevalente y está por encima de los demás.

Bien ¿Y cómo articulamos pues la sociedad civil de los movimientos sociales? A mi esta pregunta me sugiere que si hablamos de sociedad civil, en principio habría de ser independiente, o al menos no habría de estar coaptada por las fuerzas políticas con raíces institucionales o para-institucionales a cualquier nivel, lo cual sería como calzar a la sociedad civil con los zapatos de formas pre-diseñadas aspirantes al poder político. Aunque entiendo que esta pretendida independencia viene siendo difícil en su desarrollo práctico.

Y es difícil cuando observamos cómo determinados líderes de movimientos sociales, tienen sus raíces bien afianzadas en determinadas fuerzas políticas y sindicales que entran a formar parte de las instituciones varias, o tienen intereses corporativos muy concretos, en el caso esto último de los sindicatos. Ya sé que forma parte del juego político por la hegemonía social y que es una especie de “ley de permeabilidad política en la sociedad”, pero sin embargo hay algunos hechos que llaman especialmente la atención. No se sabe muy bien cómo pero a menudo se puede observar y es obvio, cómo partidos concretos colocan elementos destacados e incluso líderes en los movimientos sociales, algunas veces personas que están incluso en mesas ejecutivas y que viven como liberados.

No entrando a juzgar el mayor o menor contenido ético de esta realidad, sí que me atrevo a adelantar un juicio personal sobre lo impropio e ineficaz en el medio y largo plazo de este tipo de hechos.

Pienso que la función crítica de la ciudadanía en su proceso de ejercicio de acción social y control democrático, habría de estar mediada, en sus liderazgos al menos, fundamentalmente desde posiciones críticas, pero no necesariamente alineadas políticamente. El hecho de este frecuente alineamiento, puede deteriorar a menudo el ejercicio de ciudadanía política en su función de control y puede ser origen de ejercicios de manipulación de la política institucional o para-institucional sobre los movimientos sociales. Movimientos sociales que a mi modo de ver habrían de ejercer su ejercicio político crítico y de control, independientemente de quien está en el gobierno de las instituciones o de quien aspira a estarlo.

Por otra parte, hay muchos ciudadanos y ciudadanas independientes que he venido observando reiteradamente que no se incorporan a movimientos sociales cuando detectan colores políticos de fondo muy aparentes, especialmente pasa esto en una joven ciudadanía que se acerca a las ONG,s, pero no a movimientos sociales penetrados y a veces abducidos políticamente. Los jóvenes han de realizar su proceso de acercamiento a la acción social, lo viven a menudo como un descubrimiento de una realidad, pero al mismo tiempo de sí mismos y de sus capacidades para dejar su impronta, su especificidad y a veces pienso que no les dejamos, especialmente cuando las directrices ya están marcadas en algunos movimientos vía estrategias partidistas.

No olvidemos que a menudo, algunos viejos activistas militantes se han formado en escuelas del militantismo político en partidos organizados por “cuadros” y desde el “centralismo democrático” y esto deja huella. Se puede observar sus dejes organizativos y metodológicos clásicos y estructurados desde estas culturas de centralismo democrático de no hace mucho. Estrategias basadas en pivotes fijos de recepción y trasmisión de información selladas con la rigidez del mármol. Sin que se planteen incorporar estrategias más proclives a las formas en que los jóvenes orientan hoy su participación. Estrategias de fomento de la participación, multipolares, con nodos flexibles y móviles, con un uso participativo, horizontal y no radial adecuado, de las nuevas tecnologías o de los intercambios relacionales y decisorios de todo tipo.

Cada generación es un ciclo nuevo de vida, como olas que van y vienen en la historia de los deseos. Alguna ola deja una huella en la costa, otras apenas llegan a arrastrar unos granos de arena en un vaivén continuo. Sin embargo cada generación, cada ola, lo intentan con su mayor o menor empuje. Y es esta constatación de la secuencia temporal o histórica que nos invita a reflexionar. Los que estamos por la libertad del mar, por los flujos de vida y de deseo, sabemos también que hay un sin fin de sueños y deseos que no llegan a manifestarse en la realidad, pero también sabemos que solo el deseo es lo que puede mover las categorías históricas. Lo que la sabiduría nos dice es que hemos de procurar que los deseos se expresen y busquen sus cauces para que los cambios se produzcan. Evitar que surja el deseo, coartando los espacios de pensamiento o reflexión o cortar las alas al deseo cuando recién aparece, no dejando manifestar ni siquiera su forma primigenia, es una tentación de todo ser establecido en la cultura o las normas, sea del color vital, filosófico o político que sea.

Es un hecho reiterado en el hacer de muchos “experimentados” de la ortodoxia (del color que sea) abundar en la vigilancia de lo que se mueve fuera de su ola sintónica, más si pertenecen a olas jóvenes que recién conforman sus reflexiones prácticas ante la vida. Y una vez sopesadas sus primeras manifestaciones, desterrarlas por inútiles, o contradictorias con su sabiduría añeja. E igualmente y al mismo tiempo, manifestar que las olas jóvenes viven muy bien en la cuasi quietud y no tienen ganas de enarbolar banderas de acción y cambio. Si no mueves te increpo y si mueves te desautorizo, práctica habitual por estos lares.

La ciudadanía no necesita líderes carismáticos y menos con hechuras dieciochescas. Estamos en otra época en que las formas relacionales y políticas cambiarán porque es ley de contexto histórico y social y ley de vida. Los jóvenes piden espacios, los necesitan, favorezcamos su energía potencial y la expresión de su deseo y dejemos que sean ellos los que elijan de sus experiencias y de las nuestras, sin imponer nada. Los jóvenes nos lo piden con gritos de “silencio”, cuando no con caras de hastío. Esos mismos jóvenes que están esperando su turno para trabajar, para poder emanciparse, para construir con nuevos vientos, aun equivocándose, agradecerían les dejemos espacios en la acción política y social. Seamos buenos compañeros de viaje y a medio plazo nos pedirán consejo, si no lo piden es por temor o vergüenza. Siempre que perciban que no deseamos controlarlo y organizarlo todo, que no estemos continuamente juzgándoles, las cosas cambiarán y tendremos el relevo necesario que tanto esperamos.

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